lunes, 25 de enero de 2021

DESCRIBIENDO EL AMOR


El Describiendo el amor,

inmaculado y sutil,

sobre un lienzo...

Se mezclan matices.

El aroma de azahar,

inundando los días de septiembre,

bajo un tibio sol,

van templando prístinas ilusiones.

Los pétalos del calendario,

como eslabones frágiles,

en la escarcha del olvido,

en ti se reverdece.

Mujer,

reflejo fiel,

conspiración divina...

Palidece en tu belleza,

toda la creación,

y en toda tu belleza se ennoblece...

Pues tú eres el principio,

Y a la vez el fin.

La A y la Z.

Mi verso va en homenaje a ti...

Soñadora,

luciérnaga fugaz,

novia,

esposa,

amante ,

hija,

madre.

Luna de plata.

Fuente inagotable.

Incondicional consuelo.

Tótem eterno.

Describiéndote...

En ti se conjuga el amor.

 Mabel Camelino -Argentina-

Publicado en el libro Siempre iluminadas nunca olvidadas.


VESTIDOS NEGROS Y VESTIDOS BLANCOS


Género

Poesía a la no Violencia.

Despertamos con vestidos negros.

¡Todos nos miran con asombro!

Ya nadie pregunta, porque todos saben

que las mujeres somos piedras preciosas.

Dadoras de vida, somos los ojos del amor.

Trabajamos con manos esforzadas.

Cuidando nuestras familias, nuestras hijas,

nuestros hijos, creando fuerzas

donde a veces no hay.

La luz de las mujeres nunca se apaga.

Es tan enorme que anuncia el porvenir.

Si dejamos de existir se termina la raza.

Si dejamos de luchar es un golpe en extinción.

Hemos sufrido abandono, maltrato, mucho

maltrato,

todo tipo de agresión.

Nos mutilaron el cuerpo

y también nos mutilan nuestro corazón.

Toda la humanidad es un firme y fiel testigo.

Hoy nos despertamos

con vestidos negros y vestidos blancos.

Vestidos negros,

por cada mujer que ha sido asesinada.

Vestidos blancos, por todas las niñas

que han sido masacradas.

La flor de nuestras almas se encuentra

ya sin pétalos,

porque en cada tumba va quedando desangrada.

Hoy nuestro grito se convierte en canto.

Un canto que lleva estrofa de justicia.

Hasta que el desierto sea tierra fértil,

la tierra fértil sea un bosque con vestido de justicia

y el efecto de la justicia, sea de paz, respeto,

valoración

y equidad para siempre.

Hasta que nosotras, nuestras hijas e hijos…

puedan vivir sin violencia.

Siempre recordaremos a todas las mujeres,

que pagaron con su vida por la libertad.

Seguiremos vistiendo

los vestidos negros y los vestidos blancos.

Hasta que se nos dé el honor y el valor que

merecemos.

El planeta a una sola voz grite.

No a la violencia.

No al femicidio.

No al feminicidio.

No queremos ver más mujeres muertas.

Solo queremos escuchar ahora.

queremos escuchar ahora...

El grito de la vida...

 Alondra Gutiérrez Vargas cantautora y poetisa costarricense

Publicado en el libro Siempre iluminadas nunca olvidadas

COSA VANÚN CHIPAC

 

Tenía los ojos rasgados

mirando la letanía de los sueños

escritos por Angasnapón

en la oquedad de la luna

No eran suyos

eran los de él

atados a sus pies

hasta que murió en 1548

Maravillosas

sus manos, la creación

del vestido de casamiento

la saya, las plumas, las perlas

las fibras de su corazón

Cosa Vanún Chipac

murió como muere la tarde

libre, sin la atadura

del bautismo de la cruz,

creyendo en sus dioses, 

rodando por las cumbres

sin el dolor de rendir cuentas

a un extranjero.

Nunca dijo nada

enervada

en la calamidad de los suyos;

le dolía el hecho

de ser esclava de un reino

que jamás conoció

Isabel Barrantes -Perú-

Publicado en el libro Siempre iluminadas nunca olvidadas



SU AMOR


 Su amor dejó un volcán de penas en el alma de él, que brillaron como flores del averno y lo llevaron hacia donde se vuelve...

Victor Diaz Goris

FOTOGRAFÍA INÉDITA DE SAN SEBASTIÁN

 

En 1899 el sevillano historiador del arte don José Gestoso y Pérez publicaba el “Ensayo de un Diccionario de los Artífices que Florecieron en esta Ciudad de Sevilla desde el Siglo XIII hasta el XVIII” y en el recogía un escueto párrafo dando los únicos detalles sobre la ejecución de la imagen de San Sebastián que hasta el momento conocemos. Los datos los obtuvo de los manuscritos de don Antonio Gómez Aceves, investigador de los archivos parroquiales de Sevilla. Decía así: 

“DAIN (Pedro): escultor. <En 1588 había un escultor llamado Dain que le hizo a D.Rodrigo Ponce de León un S. Sebastián para su capilla del Santo en la Villa de Conil> Mmss. Del Sr. Gómez Aceves. Bib. De la Sociedad Econ.

Ciento veintidós años después aún no conocemos ninguna otra escultura de Pedro Dain, tampoco nada sobre su obra y biografía. 

La colección particular de Carlos Gómez López atesora una fotografía inédita del patrón de Conil, su autor fue F.López.

El documento puede ser fechado en el primer tercio del siglo XX y nos muestra una imagen muy distinta, en todos los sentidos, de la que solemos ver a día de hoy.

Aparece en la hornacina del retablo que presidió en la antigua Parroquia de Santa Catalina y del que a día de hoy no tenemos datos.

El patrón se presenta revestido con banda de alcalde, lo que muestra su categoría de patrón del municipio, el perizoma o paño de pureza que cubre el que conserva tallado, ambas piezas textiles, casi con seguridad fueron rojas, símbolo del martirio. Una gran aureola de latón que fue sustituida por el actual aro simple, corona su cabeza. 

En cuanto a las flechas todas, excepto la colocada junto a la tibia zurda, ahora en el brazo izquierdo, conservan su disposición original.


MANUEL CORTÉS


LÁGRIMAS DE PERLAS

  

Ella era la diosa más linda 

del Olimpo, 

mas víctima de una cruel 

traición, 

en soledad alteró su mundo 

y triste quedó.

Abandonando su hogar, 

en la tierra 

pronto se llegó a instalar, 

andando

entre los bosques, lagos, 

ríos y el mar. 

Pero a pesar que la tierra, 

la prodigó 

de todo para intentar 

hacerla feliz, 

su tristeza con nada 

amenguó. 

Por todo inaccesible lugar 

lloró y lloró, 

hasta que ninguna lágrima 

por derramar 

en esos hermosos ojos 

lucero quedó. 

Su angustia era tan extrema, 

a tal punto que 

de las cuencas de sus ojos, 

bellas perlas 

y finos diamantes empezaron 

a brotar. 

Las perlas se las llevó el río 

al mar, 

y los diamantes, quedaron 

atrapados 

y esparcidos por todo lugar, 

y todo solar... 

George Rivas Urquiza -Perú- 

LOS NIÑOS DE ALBANY


(Artículo de 1916)

     ¡Cómo! ¿Pero es verdad que en Albany, Estados Unidos, sesenta mil niños han ido en manifestación a pedirle al gobernador que ejecute sin misericordia  a Pontón? ¿Pero no es espantoso que de las tiernas y gorjeantes gargantas de sesenta mil niños se haya hecho salir este clamor de muerte contra un infeliz reo? Por grande que haya sido el delito de Pontón, ¿a qué queda reducido frente a este otro delito de envenenar deliberadamente el alma de una legión de niños con tan feroz deseo?

     No; ésto no parece cosa sucedida en estos tiempos, ni en el seno de un pueblo civilizado. Esto parece cosa de otros tiempos, brote de crueldad en el alma de roca de gentes primitivas, no iniciadas aún en las prácticas mansas de Buda o de Cristo. Se concibe que en torno del infeliz que, en un momento de extravío amoroso, dio muerte a una mujer, se aglomeren los deudos de la víctima pidiendo justicia, esto es, venganza. Se concibe que este furor homicida de los deudos se transmita por contagio en los primeros momentos a los habitantes del pueblo o ciudad de la víctima. Pero no se concibe que se llame a los niños, a todos los niños de todas las escuelas, y se les haga partícipes de esta espeluznante orgía de odio. Y esas iglesias, esas innumerables iglesias que en las ciudades americanas propagan día y noche la doctrina de Cristo, toda amor, caridad, tolerancia y perdón, ¿qué hacen? ¿para qué sirven si no sirven ni siquiera para impedir que se escape de la garganta de los niños de Albany el sacrílego grito de venganza y muerte que acabamos de oír? ¡Y pensar que estas mismas iglesias, junto a las cuales acaba de darse el horrible espectáculo de tan innecesaria crueldad, envían constantemente misioneros a otros pueblos, y entre ellos a Puerto Rico, a predicar mansedumbre y caridad evangélicas! ¡Dónde mejor podrían actuar estos misioneros es allí donde el frenesí del odio puede tanto que hace salir de las escuelas a sesenta mil niños para que vayan en procesión solemne hasta la casa de un gobernador, y le conminen a ser inexorable, a matar fríamente al que mató en un vértigo, a obsequiar a unos infelices viejos --los padres del reo-- con el lúgubre regalo de Christmas de la muerte del ausente hijo que nunca ha de volver!

     Nosotros no sabemos leer ni sabemos correr tras el Dólar hasta reventar o hacernos millonarios. No sabemos unas cuantas cosas que para afear y entristecer la vida saben y practican nuestros señores los americanos. Sabemos muy poco, es verdad. Pero podemos afirmar rotundamente que en el seno de nuestra pobre y humilde comunidad jamás daremos el tremendo espectáculo de hacer colaborar a nuestros hijos en la obra de fría y estéril crueldad en que han colaborado los niños de Albany.

     Sabemos muy poquita cosa, muy poquita cosa. Ni siquiera hemos inventado el automóvil Ford, tan indispensable a la felicidad humana. Sabemos, sin embargo, perdonar. Y como el perdón necesita de la compasión, y la compasión necesita de la comprensión, y esta facultad de comprender necesita a su vez de la lenta y laboriosa decantación espiritual de una cultura que contribuyeron a formar siglos y más siglos, ¿qué podemos hacer, así pobres y humildes como somos, sino pedir a los dioses, con un poco de orgullo, que se apiaden de nuestros señores los americanos, y que, a cambio de hacerles olvidar muchas de las innumerables cosas que han aprendido para complicar y ensombrecer inútilmente la vida, les madure, depure y refine el espíritu de tal modo que, sin necesidad de ir a la escuela ni a la iglesia, sepan esa cosa sencilla y profunda que saben nuestros analfabetos: perdonar, esto es, compadecer, esto es, comprender. Cuando sepan esta sencilla, pero profunda y formidable cosa que se llama comprender, ya quizás no tendrán la extraordinaria agilidad juvenil con que persiguen hoy millones e inventan aparatos de mecánica; ya quizás no harán progresar tan velozmente sus industrias, sus casas, sus ciudades, sus muebles, sus zapatos, sus ropas; pero habrán progresado ellos mismos, esto es, tendrán una sensibilidad más aguda, una cerebración más intensa, y una visión más certera, más amplia y más profunda de la vida... Y al orgullo infantil de haber inventado el automóvil Ford y otras zarandajas de ferretería, sucederá un nuevo sentimiento de humanidad a la luz del cual la sombría procesión de los niños de Albany pidiendo ferozmente la muerte de un hombre, les parecerá una cosa tan cruel, tan tosca, tan primitiva, tan fea, que la creerán inverosímil y temblarán ante ella de vergüenza y de horror.

Publicado en el blog nemesiorcanales

Compartido por Osvaldo Rivera