sábado, 30 de enero de 2016

ALEGRÍA


He llorado de tanto reír
una sonrisa se dibuja
en mi rostro de alegría
de dicha y felicidad.
Se fueron los días grises
donde mi alma lloraba
y sufría como alma condenada
en el purgatorio de la tristeza.
Hoy soy feliz sin duda alguna
sin temor lo puedo decir,
llegaste a iluminar mi vida
y dar alegría a esta alma adolorida.
Iluminaste mis días con tu sonrisa
cuando se posó tu mirada en la mía
y con tu ternura me dices que me amas
tanto como te estoy amando yo.
Dicha y alegría refleja mi corazón
que late por ti mi amor,
bésame apasionadamente
para que sientas el latir de mi pecho.
Sólo quiero que me des la mano
y caminemos por el sendero
que recorrerá nuestras vidas
juntos los dos por siempre mi amor.

VIOLETA MENDOZA

MORIREMOS EN VERANO


TEATRO

SINOPSIS: Al inicio de los años treinta del siglo XX, el Ecuador vivió una guerra civil corta que la historia la ha denominado como “La Guerra de los Cuatro Días”. Un hecho doloroso que enlutó a la ciudad de Quito.
El Ejército y la población se fraccionaron en dos bandos que decían defender una misma causa: La vigencia de la Constitución de la República, pero estos bandos, teniendo intereses contrapuestos, daban lecturas diversas al mismo hecho.
Los quiteños y las tropas apostadas en la ciudad de Quito, se defendieron del Ejército que les atacó por el norte y sur de la ciudad. Se produjo un enfrentamiento cruento en el que se dice murieron más de dos mil personas. Es en este contexto histórico en el que se desarrolla el drama titulado: MORIREMOS EN VERANO. Una obra de teatro histórica que refleja los acontecimientos de aquella época.

MARIO LASCANO

SUSURROS DE LA LUNA

 (Dedicado a Paty Luna)

He sentido tu palpitar
En mis noches en vela
Tu alma me haces llegar
Te das toda entera
Un halo de luz
Directo al corazón
Con mucha pulcritud
Qué linda sensación
No me olvido de tu voz
Susurrándome en la noche
Luna eres la mejor
Haces que no me equivoque
Parte de tu ser
Se ha unido a mi alma
Siempre te querré
El no tenerte me mata

Pablo Manrique Yebra

UN APLAUSO PARA EL AMOR


Un aplauso para el amor
Que a mi vida ha llegado,
y otro para aquél,…
Que se ha marchado.
Un aplauso grande,
Para el,… amor,
Que me llena de besos,
Y sabe calmar mi llanto.
Un aplauso para el amor,
Que me susurra al oído,
Un te quiero inesperado,
Sin esperar nada a cambio.
Un aplauso para el amor
Que calma mis días malos,
Ése que sin hablar
Sabe decir un te amo.
Aplaudo con fuerza al amor
Y bien merecido ese aplauso,
Porque llegó a mi vida
Sembrando alegría a su paso.

Ramonika Moreno Ibarra -México-

ESPECIES.


Respiraba entrecortado
la acechó mientras estaba despierta
ella sabía que en la oscuridad le miraba
él veló su sueño, y cuando por fin soñaba
salió de las sombras para atacarla.

Sus uñas largas y negras arrancaron las sábanas
y al ver su cuerpo casi desnudo,
sus senos tranquilos
sus venas azules apenas perceptibles
bajo su piel

se excitó,
transformándose dolorosamente en hombre,
su pelo hirsuto dió paso
a un vello delgado e incipiente
sus largas uñas se acortaron

sus patas desaparecieron y en su lugar
tuvo manos y pies
que dolían al caminar,
sus ojos perdieron visión nocturna
y sólo percibió una silueta apenas cubierta sobre la cama.

Percibió el perfume de su piel
y su sexo
acarició suavemente
la aureola de sus pezones con su aliento
lamiendo el contorno de sus labios, sintiendo su respiración.

Tuvo un deseo inmenso de poseerla ahí, en el silencio
a mitad de la noche
donde nadie podía verlo
cobijado por las sombras
incitado por la Luna que se reía de su torpe andar.

Mas no supo qué hacer, se miró a sí mismo
y tuvo pena
se echó a un lado de sus pies contemplando su cuerpo,
tenía frío
esa piel de humano no le servía de nada.

Poco a poco se quedó dormido.

Al llegar el día ella se levantó
estirándose poco a poco,
mirando alrededor
abrió la puerta, permitiendo que el aire fresco
disipara las penumbras

Algo había brincado de la cama.

¡Ven!

El salió de las sombras y caminó detrás de ella, agachando la cabeza y moviendo la cola.

Roxana Rosado

LA CARNE SE HIZO VERBO



AMAR AMÁNDOTE


Recostado en tu vientre
y bordeando caricias en tu ombligo,
miro el firmamento infinito,
buscando tu luz en esa estrella
que, pícara, centellea con fulgor
como queriendo mandar un mensaje de amor.

En la contemplación
yo te pregunto embelesado
si en ella tienes tu morada,
mientras tú me respondes adormilada
que allí morarás por siempre
si yo soy el cielo que envuelve
a toda esa cúpula estelada.

Y mi cuerpo entero se estremece
al ritmo que tu cuerpo me mece,
como a tierno infante
que a tu lado no siente el miedo al dolor
cuando tira hacia adelante el camino,
pues sabe que encontrará el amor
esperando en cada vereda de ese destino.

Y aunque en la vida no hay barco que no derive
a merced de los caprichos del mar,
quiso el destino cruzarnos y hacernos entrar
en ese soñado mundo donde solo se vive
por y para amar; sintiendo y amando
pero jamás esperando…

Isidoro Giménez