martes, 1 de diciembre de 2020

MIS SENTIMIENTOS ESCRITOS

 

Una de las mayores dificultades con las que siempre me he encontrado en la vida es la incapacidad para poder expresar lo que siento en mi interior. Eso me hace parecer una persona fría, sin escrúpulos, como si realmente nada me afectase y nada me importase lo suficiente en esta vida.

Pero eso no es así, sino que en realidad me cuesta mucho ser sincero en estos casos, y la verdad es que cada vez que intento cambiar tengo la sensación de que frente a mí aparece una montaña difícil de escalar.

Intento expresar todo lo que siento pero a la vez me doy cuenta de que no consigo encontrar las palabras. Una vez que estoy solo y tranquilo empiezo a darme cuenta de que realmente sí existen y lo único que tengo que hacer es conseguir expresarlas de la forma más adecuada posible.

Por esa razón, aquí te traigo mis sentimientos escritos, con la esperanza de que puedas entender lo importante que eres en mi vida, lo mucho que te valoro y lo necesaria que es tu persona para sentir que tengo una vida plena y feliz.

Para mí es un orgullo tenerte a mi lado, el poder compartir contigo tanto mis buenos como mis malos momentos, el saber que tengo a alguien en quien apoyarme para poder resolver cada dificultad que la vida pone frente a mí.

Y a la vez, también eres una persona que completa esa parte que falta en mi vida, que me hace volver a tener ilusiones y que, incluso, llega hasta el punto de hacerme darme cuenta que tengo que expresar mis sentimientos para ser feliz, aunque sean sentimientos escritos sobre un papel.

ARMANDO ARZALLUS

EL QUE QUIERE PRIVACIDAD


Compartido por Vera Bolaños

 

A PAZ PARA QUEM

 

A paz para quem

                   É de paz

A poesia me abracou com carinho 

Qual mãe carinhosa abraça o filho 

Dando a vida um novo brilho,

De paz e alegria,um novo caminho!!

Cada amanhecer nasce um sentido 

Descobri que tenho muito que aprender 

E muito mais tenho que ensinar,

E por mais que eu tenha sofrido...

Tenho sempre muito para agradecer!!

E sempre mais tenho aprendido...

Neste meu novo viver...

Escrever e com todos compartilhar!!

Uma linda filosofia de vida 

E ter sempre algo novo a ensinar

Que também pode ser entendido 

Como maravilhosa fórmula de amor!!

Traducción 

Paz para quien

                   Es paz

La poesía me abrazó con cariño

¿Qué madre amorosa abraza a su hijo?

Dando a la vida un nuevo brillo

De paz y alegría, ¡un nuevo camino!

Cada amanecer nace un sentido

Descubrí que tengo mucho que aprender

Y mucho mas tengo que enseñar

Y por mucho que sufrí...

¡Siempre tengo mucho que agradecer!

Y siempre he aprendido más...

En esta nueva vida mía...

Escribe y comparte con todos !!

Una hermosa filosofía de vida.

Y siempre tengo algo nuevo que enseñar

Eso también se puede entender

¡Qué maravillosa fórmula del amor!

Paula Cristina Conceição -Portugal- 

EL SONIDO DEL SILENCIO

 

Ni un sonido. Solo el viento que ruge sobre el páramo desolado. Ni un animal que rompa el amanecer con un deambular de cazador o un paso temeroso de presa. Ni un bramido ni un rugir de bestias hambrientas. Solo el silencio de la brisa entre las rocas.

Camino por un mundo desierto de vida. Un planeta extraño donde nada se mueve sobre la tierra o bajo las aguas de los océanos. Ninguna sombra atraviesa los cielos con un planear acechante salvo ese satélite que muestra siempre la misma erosionada cara. Las nubes se arremolinan sobre mí y se inclinan con cortesía ante las montañas que me circundan. En la planicie, igual que en el resto de este mundo enigmático, nada se mueve, nada está vivo. La tierra apelmazada es tan árida que nada puede crecer en ella.

El aire tiene sabor agrio, como de cosas muertas. El agua, veneno para cualquier ser vivo. Hay un extraño sentimiento de pérdida irremediable, de tragedia que bien pudo evitarse.

¿Qué fue de los que erigieron esas altas torres que se ven en la distancia? ¿Quiénes construyeron enormes ciudades ahora deshabitadas y cubiertas de polvo y olvido? ¿Dónde están?

Vuelvo a mi nave. Regreso por el mismo desierto sin vida que he recorrido. Y las preguntas se repiten una y otra vez. No hay respuesta. Tan solo la podrían revelar esos millones de huesos esparcidos por doquier y que blanquean bajo el fuego de un sol inclemente y un cielo enfermizo.

Ni un sonido. Solo el de la muerte. Solo la muerte se exhibe en este mundo, el tercero contando desde su amarillenta estrella.

Francisco José Segovia Ramos 

Publicado en periódico irreverentes




NUESTROS JIBAROS


(Fragmento del artículo de 1922 Nuestros Jíbaros) 

     Al tratar yo sobre los jíbaros lo habría de ser en romántico, poniéndome antes unos espejuelos color rosa para cantar entusiásticamente sus costumbres sencillas, su tiple, sus décimas, sus amores, sus tradiciones, su bohío encaramado como un ave en lo alto de una loma, etcétera, etcétera, o, en vez de calzarme los espejuelos rosa, me habría de frotar bien los ojos para tener de ellos, de nuestros jíbaros, la visión menos romántica, la más realista, y así dar de ellos la impresión que más nítidamente les presente.

     Yo arrojé hace tiempo lejos de mí los románticos espejuelos color rosa. Yo creo, precisamente, que no hay plaga humana comparable en sus estragos, en su labor perenne de destrucción, deformación o adulteración, que la actitud romántica. Eso que llaman idealización de las cosas para no verlas en su verdadero aspecto es la superchería más odiosa y nociva que es posible concebir. Hace más daño un romántico, con su sistemático afán de fingir que la realidad es de esta manera o la otra, que una docena de asesinos, ladrones e incendiarios sueltos por el mundo. Porque estos producen el caso particular de muerte, de robo, de incendio, mientras que aquél, el romántico, como tiene respetabilidad y halaga dulzarronamente nuestros instintos vanidosos, esparce en torno de sí una influencia social que contamina con su ceguera a generaciones enteras.

     De ahí que me fuera imposible escribir una sola línea en romántico acerca del jíbaro sin sublevar mi conciencia con la clara noción de la perpetuación de un inmundo delito. Idealizar el jíbaro, transfigurarle, ponerle tan lejos de sí que a tal distancia el cuadro de su vida se nos aparezca plácido y bello como el de una égloga, es una forma de insensibilidad tan cruel, que ni por todo el oro del mundo me resolvería yo siquiera a intentarlo. Pase que uno pellizque un poco su imaginación y la caldee y soliviante hasta el punto de atribuirle encantos y seducciones a lo que está lejos y uno no conoce, pero ser capaz de cerrar voluntariamente los ojos ante lo que está delante de uno, retorcido de dolor o empalidecido de agonía, ser capaz de fingir entusiasmo y cantar ante el harapo y la mugre y la llaga, significa una callosidad tan monumental, bien en la inteligencia, bien en las fibras sensibles, que sólo siendo un verdadero monstruo se puede intentar tamaña empresa.

     No, ¡vive Dios!, yo no me siento con fuerza para trazar de un modo romántico y acaramelado la trágica silueta del jíbaro. ¡El jíbaro!... Si hay algo en nuestra tierra que revele en nosotros, la clase directora, un estado de depravación moral rayano en la criminalidad, o un estado de indiferencia y apatía rayano en la imbecilidad, ese algo es nuestro jíbaro, ese ser macilento y escuálido y horrible que puebla nuestros campos.

     Nuestro jíbaro no se parece al campesino de ningún otro lugar. En todas partes el labriego es pobre, rudo, ignorante, infeliz, como último peldaño que es de esta monstruosa escala social que pone abajo a los que producen y arriba, muy arriba, a los que sólo sirven para consumir. En todas partes el labriego constituye un reproche sangriento contra la sociedad que, después de sustentarse de su sudor, le abandona a su suerte y le desprecia como vil alimaña. Pero aquí en Puerto Rico el espectáculo es más cruel que en ningún otro país que yo conozca.

     Id al campo en cualquier país de Europa o América y hallaréis que alguna vez hay una tregua en la sórdida brega, que alguna vez la pobre y ruda bestia de trabajo se pone unos trapos llamativos y el acento de una bandurria o guitarra, o mandolina, denota jubiloso en sus oídos, y las mozas y los mozos tienen su hora de inocente algazara en que el baile y la copa y la zambra les proporcionan un relámpago de goce y de olvido.

     Pero id al campo nuestro, cruzad nuestra inefable campiña de Norte a Sur y de Este a Oeste, y no hallaréis jamás nada que os cuente que la bestia infeliz que nos sustenta con sus brazos ha salido un instante de ese ritmo carcelario de trabajo y de sueño que aprisiona su vida. No oiréis la copla rústica, y si la oís será fea, monótona, entrecortada y siniestra como un hipo de moribundo, ni veréis colorines en las ropas, ni el viejo marrullero y jovial os soltará una chanzoneta, ni las mozas y los mozos entregarán sus cuerpos a la lúbrica embriaguez de un tango, de una jota, de un tamborito, de una rumba.

     No, no encontraréis más que el mismo lúgubre, espantoso cuadro de miseria, de mugre, de extenuación, de muerte. Por todas partes hombres lívidos, escuálidos, borrosos, espectrales, os saldrán al paso y en voz apagada y sonambúlica os contestarán. Por todas partes niños del vientre inflado, sin color ni alegría, os darán la horrenda sensación de una infancia deforme, de una infancia decrépita, en cuya tierna carne se ceban implacables la anemia, el paludismo, la tuberculosis. Por todas partes el bohío...

     Pero, ¿habéis mirado de cerca un bohío? ¿Habéis visto nada más miserable, que acuse un mayor desamparo, que el bohío? Paja, caña, cajones, desperdicios de todas suertes entraron en su composición, y dentro, una familia de tres, de cuatro, de diez seres humanos, en un hacinamiento de sabandijas, cumplen bajo el azul de los cielos su rito misterioso y augusto del diario vivir.

     En tanto nosotros, pasa que te pasa, por frente al bohío, pasa que te pasa en el diario trajín, sin que nada nos grite desde lo recóndito de nuestra conciencia que aquel horror humano es obra nuestra, cosa nuestra, maldad o insensibilidad o imbecilidad nuestra que nos permite ir y venir en paz sin que sintamos el lazo de solidaridad que nos hace prolongación y culminación de aquel pudridero de hombres y de niños.

Publicado en el blog nemesiorcanales

Compartido por Osvaldo Rivera

O POETA SONHOU...


 O POETA SONHOU...

Um dia o poeta sonhou

Devaneou com caminhos de pedras brancas

De brumas espessas e esvoaçantes

O vento batia-lhe nos cabelos em carícias

E ao longe podia ouvir o marulho do mar

Eterno e benéfico

Silencioso e inspirador

Como só o oceano pode ser...

O poeta caminhou por muito chão

Terra vermelha, batida

A poeira levemente molhada pelo chuvisco que caíra à noite tocava-lhe as narinas,

trazendo saudades de tempos não sabidos onde vividos,

mas eram lembranças doces,

talvez de eras de criança.

Não sabia precisar ao certo.

O poeta estava sobre céu aberto

Nuvens azuis

Sol de girassóis

Folhas verdes num pé de amendoeira

Sombra hospitaleira

Nenhum enfado

Nenhum alarde

Nenhuma saudade

ou solidão...

O poeta sonhou e foi ao céu da poesia

Universos sem contravenção

Acordou de supetão

Braços sob a cabeça apoiada na escrivaninha

Terminou o poema e deixou-o sobre o velho móvel

Não se importava se seria lido ou não

Pois sonhara

E sonhos sempre valem um verso!

Traducción 

EL POETA SOÑÓ...

Un día el poeta soñó

Sueña despierto con senderos de piedra blanca

Con nieblas espesas y revoloteando

El viento golpea su cabello en caricias

Y en la distancia pude escuchar el mar

Eterno y benéfico

Tranquilo e inspirador

Como solo el océano puede ser...

El poeta caminó mucho

Tierra roja, golpeada

El polvo ligeramente mojado por la llovizna que había caído de noche le tocaba las fosas nasales,

llevando la nostalgia a tiempos desconocidos donde vivieron,

pero eran dulces recuerdos,

tal vez desde la edad de un niño.

No sabía para estar seguro.

El poeta estaba en cielos abiertos

Nubes azules

Girasoles sol

Hojas verdes de un almendro

Sombra hospitalaria

Sin aburrimiento

Sin fanfarria

Sin anhelo

o soledad...

El poeta soñó y se fue al cielo de la poesía

Universos sin contravención

Desperté de repente

Brazos debajo de la cabeza descansando sobre el escritorio

Terminó el poema y lo dejó en los muebles viejos.

No me importaba si se leería o no

Por soñado

¡Y los sueños siempre valen un verso!

Paula Cristina Conceição -Portugal- 


NO TE QUITES EL VESTIDO


No te quites el vestido

pero si te lo quitas

escóndeme tu belleza,

ocúltame tu perfume.


Te has quitado el vestido

y tu piel oscura brilla

bajo el aceite que lo cubre,

que lo embellece.


Tu brillo me atrae.

Tu olor me apresa.

Tu cuerpo me enamora.

Tu mirada me asusta.


Por eso me mantendré alejado 

porque no quiero ser esclavo

ni de tu perfume

ni de tu arrebatadora hermosura.


JOSÉ LUIS RUBIO