viernes, 1 de junio de 2012

HABLANDO CLARO

La mentira acaba comiéndose al mentiroso.
La verdad no se la cree nadie
porque se dicen tan pocas verdades
que cuando se dice una
nadie se la cree.

Dice unas cosas y haces otras
tan distintas que tanta
hipocresía a mí me asombra.

El sentido común ha desaparecido.
Nadie sabe donde está
y lo peor de todo es que nadie
lo quiere ir a buscar.

En la muerte no hay reyes,
ni ricos, ni pobres,
tan sólo hay hombres
indefensos y cansadas mujeres.

JOSÉ LUIS RUBIO

HEMOS SALIDO

Hemos salido
de parchear al mundo
entre bosques de vasos
por enésima vez.

De pegar la hebra
mientras el pasado nos adelanta
por debajo de las piernas
y el futuro
hace sombras chinescas
detrás del humo
con el que se limpia el culo
la realidad,
esa misma
que nos ha enseñado
que la justicia
pasa todas sus noches de boda
trabajándole los bajos
al mejor postor
en un puticlub de lujo.

Del libro Poemillas de urgencias de FRANCISCO TOMÁS BARRIENTO -Campofrío-

PEQUEÑAS DECEPCIONES, GRANDES CONTRADICCIONES

Beber lentamente, a sorbitos, siempre es mejor, haya o no reencuentros...


(Desconozco lo que pasó con Némesis
y me pregunto si es cierto y posible el olvido.
Cualquier acto de creación que se disfrute a conciencia
merece la pena, en el más polifacético sentido de la recreación).


A veces lo efímero puede transformarse en algo tan perdurable...
Y no sé si piensas los motivos
por los que no quieres que te escriba,
cuando tú elogias mi creación
y yo me recreo admirándote,
paso a paso,
poco a poco,
sorbo a sorbo,
lentamente, languideciéndome entre el tiempo,
como si de un buen vino se tratase.

Son buenas las reflexiones para revivir los momentos mágicos,
la lluvia, el canto de los pájaros...
No se puede ir pisando, ni atropellando
el frenazo es más brutal y se desperdicia el encanto,
no debemos subirnos demasiado alto en las nubes,
es más dura e inevitable la caída,
sobre todo, el desengaño.

Y aunque negar, negarse es suicidarse,
podemos abrazarnos a la calma.

Te quiero, no te quiero,
me quieres, no me quieres,
creo que el amor sólo se inventó
para los enamorados, para mí, no.
Tampoco es algo que me preocupe
pocas cosas me van a robar el sueño
aún menos los sueños...

Alguien me enseñó a esperar incluso a valorar los silencios,
alguien, algún día, en alguna parte,
en medio de esas historias nuestras,
las que no nos quitó nadie...
me enseñó y yo aprendí.

El sabor del Pedro Ximénez imprime una eternidad tan intangible
como contradictoriamente certera:
la calidad habita en otra dimensión y es ésa la que se vuelve inolvidable,
imparable, inevitable e inunda las venas.

Reina el levante, las hojas de las palmeras incesantes
se reflejan en los cristales de las ventanas del quinto piso
de esta avenida en la que habito.

Buena altura para tirarse mientras otros conversan
sobre sus tal vez, absurdos miedos.
Dicen que si no se le teme ni a la muerte, ni a la locura
es porque uno es feliz...

Llevar mi ritmo no es imposible, es un propósito, una actitud.
Excusas.

Este día plomizo me susurra y me recuerda que cuando vuelvas,
yo ya probablemente me habré ido,
mientras que vuelvo a temer fiarme de otro personaje,
mientras que vuelvo a querer bajar la baraja del escaparate.

Encantadoras sonrisas y miradas...

Mientras, dudo si enfriar otra botella de Celeste
en la nevera.

Publicado por Blanca Flores, -hoy, por si vuelves... Inédito para sin nombre-.

DEL MAR AL CIELO

Olas de un mar encrespado
que fueron
naufragio prefabricado
del barco
rota su vela y sus remos.
En un cielo
de azules plastificados.
Los esqueletos de halcones
en vuelos centrifugados
volaban sobre las aguas
donde una luna
el desmayo
de sus blancura sin fondo
entre espumas
mecían
marchitos claveles blancos
que marcaban sin fin
amargos peces dorados.

JOSÉ LUIS MARISCAL -Horcajo de Santiago -Cuenca-

EN BUSCA DE OTRAS HISTORIAS

El punto final de su historia se escapó de aquel aburrido libro, el punto quería conocer más mundo, no morir entre aquellas palabras que ya conocía.

Saltando llegó a la rueda de un coche que lo llevó hasta el puerto. Allí, bajó de la rueda. Atravesó por el paso de cebra donde, a veces, se escapaba de la vista. Por la acera se dirigió al puente que le hizo subir a bordo de un barco, no importaba donde fuera, él iría más lejos.

Una vez arriba, se detuvo a observar la puesta de sol, pero no era un punto romántico y decidió darse un chapuzón. Nadó y saltó de una ola a otra, hasta llegar a una isla. Un niño lo vio y empezó a perseguirlo. Él corría y corría, pero no lograba despistarlo.

Al final el chico se cansó y aflojó el paso. Disfrutaba trepando las palmeras, le encantaba como el aire las mecía y se movía de una a otra. Se cansó y se bajó por el tronco hasta la tierra y por la orilla llegó hasta una choza.

Subió por las paredes y entró por la ventana abierta. En el suelo se encontraba él, saltó hasta su hombro y se deslizó hasta su mano. Se movió, la mano se movió y cayó al bolígrafo que escribía una carta. Se detuvo a leer. Era una carta de auxilio. Bruscamente cayó al papel, de nuevo fue el punto final. Sin tiempo de reacción se vio atrapado en una botella.

Después de un tiempo, la botella fue abierta.Y huyó apresuradamente hacia...

Publicado por MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO -Casteldefell- en su blog dondehabiteelolvido-airama

LAS CICATRICES DE LAS COSAS

PREMIO OROLA 2012: VIVENCIA GANADORA



La puerta azul abre la buhardilla crujiente.
Allí habita un jardín rebelde de objetos. Cosas con cicatrices que siempre esperan.
Empiezan su reunión y me invitan a acariciar la máquina de escribir desdentada,
el reloj sin agujas y la brújula que señala al sur.
Se asoma el caballete tatuado de óleo derramado y tras ellos el telescopio
llegando a la luna.

Hoy el globo terráqueo está inquieto. En su cartografía tiene los lunares rojos ya vistos,
y muchos más, azules, diciendo dónde ir. Le he hecho bailar, como ha pedido,
y se ha mareado al girar. Repaso la libreta de exploraciones con los ciento veinticuatro países por vivir. Hice las cuentas para rescatar tiempo: realizar dos viajes al año
y alcanzar la edad de ochenta y tres.
El jardín de prodigios siempre espera; soy yo la que cierro la puerta azul
y entro de nuevo en el olvido.

Fátima Martín Rodríguez -SANTA CRUZ DE TENERIFE-

USUALMENTE

Él me dice usualmente esas cosas extrañas    Er sagt mir üblicherweise diese seltsamen Dinge
y me abraza                                                   und umarmt mich
Termino casi siempre sabiendo qué soy       Ich ende fast immer wissend was ich bin
Después                                                        Nachher
huye.                                                             läuft er davon.

Del libro Ardua de ROLANDO REVAGLIATTI -Argentina-