domingo, 27 de mayo de 2012

SONETO A LA MADRE

Madre querida que de amor nos llena
es fruto de una flor que no marchita
cuanto más frágil su palabra tierna
más hermosa es en la luz infinita

en tiempos y espacios está presente
en momentos difíciles nos cura
lleva en su sentir el celo ardiente
la sonrisa franca de su dulzura

el hijo que nace de su vientre sol
crecerá sensible sobre colores
madre es la metáfora siempre viva.

Topacio que brilla sobre el girasol
voz oportuna entre poemas y flores
muere de pena quien no la reviva

ERUNDINO BERNAL COLUMBIÉ -Cuba-

HÉROE FATAL

Entrada la noche, Nemesio entra a la pulpería con la cara, manos y camisa llenas de sangre. Los paisanos no sacan las miradas de sus cartas, siguen con su partida de mus, guarecidos debajo de la capa espesa del humo de los cigarros. El pulpero pone en la barra un trago de caña y se mete en la cocina.

Nemesio se acerca al vaso, marca sus huellas ensangrentadas sobre el cristal y se lo lleva a los labios, traga de un saque. El pulpero reaparece ni bien el vaso vuelve a golpear contra la madera de algarrobo y repone el trago. Nemesio repite la acción de tomarse la caña, de un solo trago, el pulpero de meterse en la cocina y reaparecer al sonar el vaso vacío. Y se reitera hasta que se termina la segunda botella de caña y Nemesio se desploma sobre el piso de tierra. Automáticamente, la partida de mus y los feligreses (con su indiferencia a cuestas) se van corriendo de la Pulpería. El Pulpero reaparece con trapo y balde. Se acerca a Nemesio, moja el paño con el agua del balde y le limpia cara, manos, brazos y pecho. Luego le quita la camisa y la mete adentro del balde, donde el trapo flota sobre un agua enrojecida. El pulpero se mete en la cocina y reaparece con una cuchilla de monte. A paso lento, se acerca a Nemesio y le corta el cuello. El pulpero no mira la sangre que mana y vuelve a ensuciar la piel de Nemesio porque no quieta los ojos de la empuñadura que su mano sostiene con firmeza. El Pulpero, tras un grito mordido, lamenta el ahogo punzante que ahora siente en su pecho.

Al día siguiente, el diario local llega para sacar la foto que mostrará al héroe que cazó a El Lobizón. En esa foto se verá a El Pulpero sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la parte baja de la barra, la cabeza algo ladeada a la derecha, los ojos entreabiertos y la mano aferrada a la empuñadura de la cuchilla de monte que, en la madrugada, se clavó en el corazón. A sus pies yace Nemesio, su séptimo hijo varón. La sangre de ambos, fundida sobre el piso de tierra, está seca.

Juan Guinot (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 117

LOCA

‒Creo que estoy loca, doctor.

‒No te precipites, querida –me dice con mucha amabilidad, pero no puedo confiar en él, no puedo confiar en nadie‒. Antes de emitir un diagnóstico tendré que hacerte muchas preguntas. ¿Quieres un té de trufa?

‒Prefiero un café, si no es molestia.

Sonríe mientras me prepara un café soluble, pero intuyo cierto escepticismo tras esa sonrisa. ‒Dime, Helena, qué crees que te pasa –le ha dado un énfasis a “crees” demasiado condescendiente, no me gusta este doctor‒. Puedes hablarme con toda tranquilidad, todos lo que digas es estrictamente confidencial entre tú y yo.

No estoy tranquila y me da mucha vergüenza hablar de esto. Pero debo contárselo a alguien si quiero que me ayuden, así que trago saliva y respiro hondo.

–Veo…por todas partes, veo… hombres-lobo –el doctor anota cosas en su libreta, con una expresión neutra mientras me mira por encima de sus gafas. Se mantiene en silencio a la espera de que yo hable‒. Están por todas partes, como si fuera una cosa normal, haciendo su vida. Y no me atacan, aunque sé que me miran por detrás.

Entonces ocurre. El rostro del psiquiatra empieza a llenarse de pelo, su boca se estira hasta convertirse en un hocico y su pecho se hincha hasta reventar la bata de médico. Todo aderezado con sonidos guturales y gestos violentos; como es habitual. Yo me hago un ovillo en el diván. Tengo miedo, pero no me pasará nada, nunca me pasa.

‒No te preocupes, Helena –las palabras surgen de sus fauces con mucha calma‒. El neuroléptico que te he puesto en el café te está haciendo efecto. Lo supe al verte completamente vestida y lo confirmé cuando pediste café. Sufres el Síndrome del Antropolico, crees que eres una humana y eso no es posible; los humanos son nuestra comida. Pero no te preocupes, un poco de terapia y otro poco de medicación y te pondrás bien. Pronto podrás disfrutar de un buen humano lechal con tu marido.

Pere J. Martínez (España)
Publicado en la revista digital Minatura 117

A UN PAÍS

A un país                                      In ein unverhofft fernes
súbitamente lejano                        Land

se me van                                      ziehen erschrocken
espantadas                                    fort

la senectud de mi amado               das Greisenalter meines Geliebten
y mi niñez.                                   und meine Kinderjahre.

Del libro Ardua de ROLANDO REVAGLIATTI -Argentina-

ORGASMOS SUICIDAS


A la investigadora Mariví Rodríguez


Triana, un ídolo para mis días.
Tendremos sexo en la mañana
y primavera será siempre nuestro recuerdo
escribirás un orgasmo de poemas
aunque las paredes del mundo no entiendan
que nos amamos en los espacios de la nada.
Tendremos sexo en la tarde
y las golondrinas tendrán un verano de escarmientos
en la copa de los árboles,
anunciando la eterna coyuntura
de otras estaciones.

Rosendo García Izquierdo. Cuba
Publicado en la revista Oriflama 16




UNA NOCHE

En cada cuarto,
en cada jarrón,
enciende una brillante luz;
arregla amapolas y rosas.
Esto no es consolar
sino castigar;
porque aquí, una mujer
—olvidada de alabar
y de responder—,
de pronto deseó llorar
por una nimiedad.

Akiko Yosano (1878-1942) Japón

PUublicado por la revista La Urraka

SOMBRAS DE LOS DÍAS A VENIR

a Ivonne A. Bordelois


Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores,
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración
de un animal que sueña.

ALEJANDRA PIZARNIK (1936 - 1972) Argentina
Publicado en la revista La Urraka