Cruzando tu pecho una banda o colgando de ella una cruz, ninguna ley te demanda y te vistes de virtud.
¡Salve oh Césares reinantes! con indignante pulcritud, van quitando contrincantes que exijan rectitud.
Ríos de sangre y llanto riegan las verdes praderas, convirtiendo en camposanto lo que fuera vida plena.
Derrochas a mansalva el futuro de mi tierra, apagando la esperanza con la bota o con la piedra.
Tus arcas personales y tus cepos sepulcrales, rebosando están del oro que has robado a raudales.
¡Justicia! clama el pueblo violentado.
¡Avaricia asesina! con mi Patria has acabado.
¡Mira bien a lo que has hecho que mi gente ha despertado!
María Villicaña Anguiano
No hay comentarios:
Publicar un comentario