No tanto soy Don Quijote
como su flaca montura.
Me arriman a las posadas
y no me pagan hartura.
Manduco en luengos caminos
-de grija más que herradura-,
hocico más que bocado
y polvo más que verdura.
Mellados tengo los huesos
y enderredor, la envoltura,
nutrida a palo y espuela,
arenga, insulto, locura.
Y la jaez que me cuelga
¡bendito Dios, con qué holgura!,
me inclina tanto del lomo
que todo el campo va en curva.
No tanto soy Don Quijote
como su Triste Figura.
Caballo que no hace sombra,
jinete y hambre a la grupa.
Del libro Tierra conmovida de
Mariano Estrada
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