I...
Dios miró los ojos del hombre a pesar de que los tenía cerrados como un corazón de palo. No había en ellos ni un grano de fe. Ella yacía en las paredes del cuarto donde posaba, en los bolígrafos gastados por la desesperación, en los papeles lacerados por las letras, o en cualquier otra parte. Su espíritu se había dormido en la esperanza que puso en otro hombre que jugaba con él, con sus temores y necesidades...
II...
El hombre se sintió solo. Se quejó en silencio. Lloró. Dudó de Dios y de su bondad. No comprendía el por qué a personas malvadas aparentemente les va bien, mientras que a otros que sirven al prójimo, diezman, y van a la iglesia, les llueven las injusticias y las enfermedades...
III...
... Mientras reflexionaba una voz rechinó en los íntimos rincones de su conciencia. Se desplegó libremente por las arterias; y estalló bruscamente hasta romper las capas de la piel. El mensaje era: "No te enfades por las injusticias. Deja que el perdón te alcance"...
IV...
... Fácil es consolar a la gente con palabras. En algunos casos necesitamos escucharlas para salir de la crisis. Estamos conscientes de que la mayor parte de las veces, otras cosas son las que traen alivio al corazón...
V...
... En ocasiones hemos creído que el mundo se hizo al revés, y que hagamos lo que hagamos no lograremos enderezarnos, lo cierto es que siempre hay algo que hacer, aunque sea sentarse a esperar que suceda algo...
VI...
El hombre levantó la mirada. Vio pintado en el cielo un arcoíris . El mal tiempo se había disipado como el humo del último cigarro que me fumé...
VII...
... La paz se dibujó en mi rostro y dejé todo en manos de Dios...
Juan C. Pavón -Nicaragua-
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