I
-No lo sé - repetía Gaspar mirando al frente -, no lo sé . Ya te he dicho que sólo me comentó que nos veríamos después de la cabalgata ,para el reparto nocturno.
Claro que Gaspar lo sabía , pero debía guardar el secreto que Baltasar le había cuchicheado al oído haciendo que los camellos acompasaran su cansino paso , poco antes de llegar al cruce que llevaba hacia el Sur donde había abandonado discretamente la anual peregrinación. Melchor, el rey blanco, nunca entendería los motivos que le llevaban lejos de la emoción de los niños y ,mucho menos, que se llevara la estrella de Oriente con él.
II
La asistencia infantil había sido tal aquel año que la Guardia Civil hubo de utilizar a todos sus efectivos evitar avalanchas. Aunque los niños, al principio, habían echado de menos al rey negro, la generosidad de Gaspar les hizo olvidar su significativa ausencia.
III
Mientras en Tarifa ,Baltasar , el rey negro, extendía su manto sobre el mar amansando las olas. El más brillante y celestial de los cometas hacía de faro para un millón de pateras que encallaban en blandas arenas. Con los ojos inundados , abrazaba a cada persona que bajaba tiritando y sacaba de sus alforjas un disfraz con el que abrigarla.
IV
La Guardia Civil ,acabado su servicio en la cabalgata , volvió a patrullar las playas y aunque encontró una colosal escuadra de pateras abandonadas sobre las arenas ,no acertó a detener a nadie. En otro atestado, una patrulla denunciaba que el séquito de Baltasar resultaba enojosamente numeroso pero nadie lo relacionó con los hechos anteriores.
V
Baltasar, el rey negro, no repartió juguetes esa noche y debió aguantar por ello la llamada a la responsabilidad que, ya de regreso, le hizo Melchor, el rey blanco. Sin embargo, Gaspar, - el rey mestizo- lo sabía, había dejado en cada uno de los hogares calientes que su capacidad para leer en las almas le señalaba , un corazón salvado de la ley y de las olas.
JUAN LUIS RINCÓN ARES
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