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RECLUSOS
“Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada” oía aún desde su escondite, en la lavandería. Nunca había sentido tanto miedo como en ese preciso instante, se sentía diminuto. “No me voy a ir de aquí sin ti” le susurraba. Y las palabras se metían por sus oídos para llegar hasta su alma causando un horrible escalofrío por los recuerdos evocados. Cuando creyó que había logrado despistarle, un ruido a su espalada hizo que se sobresaltara. La figura del funcionario de prisiones se presentó ante él. En su celda estaría a salvo al menos de momento.
AZAHARA OLMEDA
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