jueves, 1 de octubre de 2015

VUELO BLANCO / ABSOLUTO


VUELO BLANCO

Las mariposas blancas están en vuelo
y ese encanto viene a agitar esta tarde mía...

Un pájaro atrevido ha llegado hasta mi
dando sus pequeños saltitos espaciales.
Y yo me he vestido de blanco por dentro y por fuera
y he hecho quizás una de mis últimas oraciones.

Busco esa música de fondo -en piano-
que acompaña en Los Puentes aquellos...
sólo una simpleza, pero muy profunda sustancia
para el acabado vuelo blanco y lejano de mi mente.

ABSOLUTO

Hay una fragancia que revolotea en el aire...
esa que anuncia la lluvia desde mi ser interior;
el arrebato sensorial que se escapa de mis manos...

Hay un designio premeditado y provocador,
marcando el camino mío,
que es como un caracol que va dejando su huella,
despacito... sin prisa; acariciando el suelo.
Y yo lo dejo...

Hay un algo...
que en espiral va marcando la dicha
de saberse necesario, de saberse esencia,
de saberse visitado por la vida,
y absolutamente convencido de su camino...

Maritza Álvarez -Valparaíso (Chile)-

CHARLAS CON LUCIFER.


Pacientes las miradas soñadoras,
la paz de los matices reseñados,
perdones por los cuerpos remarcados,
renglones de la casa en la que moras.

Vigila la verdad evocadora,
alienta la pobreza de los prados,
caballos que galopan alocados
y sueños de mujer adoradora.

No vine a decirte tus maldades,
encuentro divertida tu mirada,
demonio de las multiples mitades.

Sonetos revenidos de la nada,
invictos por la gracia en las edades
que narran esa luz que no es amada.

Julio G. del Río -Valencia-

LA BIBLIOTECARIA (4) / EL BIBLIOTECARIO (4)


LA BIBLIOTECARIA (4)

La bibliotecaria nunca se ausenta durante el horario de trabajo, sin embargo a
veces pareciera haber desaparecido. Si se le llama quedamente surge de entre
dos estantes como un hada y en el aire flota la duda de si no habrá resurgido
desde alguno de los libros.

EL BIBLIOTECARIO (4)

El bibliotecario nunca se ausenta durante el horario de trabajo, sin embargo a
veces pareciera haber desaparecido. Si se le llama quedamente surge de entre
dos estantes como un duende y en el aire flota la duda de si no habrá resurgido
desde alguno de los libros.

Del libro Cuentos de la bibliotecaria de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES
Publicado en Los libros de las gaviotas

TODO EL MUNDO CREE QUE ES FÁCIL


Todo el mundo cree que es fácil,
no me encontré las cosas puestas
levantar la mano y cogerla
no fue nada fácil, pero la tengo...
Pasar muros de roca pegada
fosos que sin fondo saltaba
pero una guía tenía, la sentía
una fe interna nacida en mi corazón...
Sé que cambié para ser mejor
dejé capa de pieles superficiales
para dejar una de carne que siente
como si todo lo puede, que no teme...
Renací, de mí mismo mejorando
con ganas de vivir y sentir
los sonidos de la música de vivir
jamás escuchado por mí antes...
Ahora vivir, amar y ser sentir
todo va de la mano caminando
en parte por mí, en parte por ti
y de cada día hacerlo único....

Nicolás López Moreno 

LA POÉTICA DE ROLANDO REVAGLIATTI


Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota. Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa. Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece. Un poeta que escribe --tantas veces así lo imaginé-- contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio. O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo. Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña. Entre sus diversos y tensados poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra --y además hábitat de crecimiento de este trabajo--, surgen por sí solos al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

 Eduardo Dalter -Argentina-

ÁFRICA


Se viaja sin moverse
Los ritmos del tigre del lago Nyassa, gravemente herido, se desordenan.
El agua del río no adelanta a sí misma.
Casi ha muerto su especie entre sordos rugidos.
Sólo que a la vez es un feroz cazador de sí.
La pesadilla de la que debe despertar, originada por su cercanía a las líneas ferroviarias del hombre, ha alterado su canto adentro.
Ya no lo escucha, gime. Insensibilizado como un iceberg, no puede olfatear más que el vacío, lejos de su bosque encantado.
Sólo cierta densa imagen que despunta veloz como la luna plateada en la noche del tigre del lago Nyassa, fruto de un tardío azar, lo retornará instintivamente a la sensación de ser centro de sí, aún en el momento fatal.
Abrirá otra vez los ojos al infinito, al anuncio de la primavera más larga de sus días, un sol llameante que narcotiza sus heridas renovando la calma, y el gozo descendiendo como lenta catarata de agua blanca desde su pecho,
irrigando el resto de su cuerpo para siempre.

FERNANDO RENDÓN (Medellín-Colombia)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 105

ÉL, YO


Él tiene una inteligencia pausada y crítica.
Yo repetí segundo de Bup.
Él es dios.
Lo mío a veces es un sin dios.
Por todos sus poros asoma una elegancia férrea.
Yo fui punki un mes.
Su sonrisa perfecta hace juego con su corbata a rayas.
Yo soy mis huellas de acné.
Él conoce su valor de hombre capaz.
Yo fui carne de contenedores.
Él sabe que el conocimiento es felicidad.
Yo dormí una vez en un charco de barro.
Él es alguien en la vida.
Yo ya no soy nada.
Él es educado y vil.
Yo soy auténtico.
Él es hipocresía.
Yo, al menos soy yo.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-