“No envidiéis la paz de los muertos.”
Nostradamus
¡Deja de buscar!
Abandona ese sabor a certeza fundida,
cierra los ojos
y séllate la boca.
En la espiral de la existencia,
las próximas esquinas
están latiendo hacia adentro,
son sinuosas epopeyas
construyendo ciudades
repletas de habitantes
que tienen tu nombre.
En la calle de la oscuridad,
un recodo aguarda por tu lumbre,
tampoco, un hada…
¡Es un adefesio de extrañas muñecas!
En su bolso,
conserva la latitud de tus planetas,
el zarcillo perdido,
la máscara de oxígeno,
el rocío radioactivo,
las batallas sin ganar.
-¡No avanza quien más camina!-
Es esa voz de nuevo…
susurra aforismos
sobre la piel,
supura verdades
que saben a gasolina.
Un pájaro vuela solitario…
Su plumaje descubierto
es el corazón del espejo,
preserva la frialdad necesaria
para palpitar,
ahogándose en el silencio
del llanto que reclama.
¿No crees qué a veces hay que hacerlo?
¿Gemir como si estuvieses escaldada?
¿Acaso no debe doler si ha de sanar?
…pero ¡No tienes fe!
Olvidaste cómo se confía,
te has hecho experta
en esquivar granadas
mientras la razón
te protege la cabeza.
¿Qué tal si te arriesgas y sientes?
Atrincherada, la vida,
consumirá la planta de tus pies,
negada a experimentar
el desmayo del dolor,
sobrevives completamente desahuciada.
¡El sepelio es cuestión de tiempo!
…ya la lápida
tiene su paradoja,
el absurdo epitafio
de una tumba
vacía.
Scarlet C
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