jueves, 7 de febrero de 2019

A UNA RAMA


Frente a esa claridad,
frente a ese monte, donde todo
es elocuente y gárrulo,
tú, árbol preterible, rama íntima,
me ofreces una flor
que desmorona el tiempo
y reconduce la mirada.

Ahí, en ese humilde tronco,
donde ya ningún hacha se detiene,
yo he injertado la luz de la pupila.

Y me siento mejor
porque te alumbro y amo.
Y comprendo mejor, porque los ojos
me crecen saturados de inocencia.

Del libro Hojas lentas de otoño de Mariano Estrada

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