Se van mis versos
nadando entre las olas.
Van en busca de un marino,
aquel desconocido buceador
intrépido que se metió en el rocío, humedeció mis labios y me dejó en desvarío.
¡Pareciera ser delfín!
Cruza las fronteras de norte a sur,
allí le conocí, en la boca del mar
entre las espesas neblinas, en el bostezo del mar.
Una tarde,
ya casi desvaneciendo el sol,
vislumbré acercándose
unas gigantescas olas,
golpeando con fuerzas
los viejos arrecifes
que yacían dormidos,
en el medio del mar.
De pronto muy distante
vi romperse las olas,
era la barca que traía al marino.
En un recinto esperaba inquieta
que el barco anclara,
Pero no sé en qué momento
en mi corazón, el marino ya habitaba.
Cuando lo vi bajar, allí en el muelle
él; ya me besaba ¿Qué podría decir
si yo; ya lo amaba?
Él es mi norte, el sur, el oeste
la suave brisa mi sol naciente.
Lo amo, lo busco en todas partes
en la orilla del mar entre las olas,
en el rocío. Si no lo encuentro
muero de frío, él es mi abrigo.
Es él, quien sacia mi sed
si estoy sin aliento.
Es el amor de mi vida,
todo un mundo el universo,
es por quien inspiro mis versos.
Lo conocí yendo al puerto no recuerdo tan bien, si fue en el muelle, pero... ¡Parecía un delfín!
¡Yo lo vi en el fondo del mar
una tarde de abril!
Él es todo amor es marinero, me dijo que me amaba en enero,
pero creo que yo lo amé primero.
Le había robado un beso
en febrero,
Una tarde de otoño lo esperé en el muelle,
allí estaba tiritando de deseos. Deseaba romperle los labios con un beso pero, tardó en llegar esperé hasta pasar la aurora, se marchitaron las rosas
ya era invierno y mi marinero
aún no había llegado.
Caía la nieve, cubría cual sábanas blancas el rostro del mar y mis ojos, cubiertos de gélidos rocíos seguía esperando, de pronto, me cubría una sombra, grité al viento; ¡Fernando Fernando! Allí desperté, sólo; sólo estaba soñando.
Nery Y. López Cubilla -Paraguay-
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