No nos ponemos de acuerdo,
en lo que quiere el uno o el otro.
No quiero lo que quieres.
¿Entonces?
Tú a lo tuyo, sin enfadarnos.
Bueno, debo irme.
No voy con vos.
Está bien. Nos vemos más tarde.
No voy con vos; pero voy.
Dices no ir conmigo. ¿Al fin qué?
No sé. Voy pero no en tu compañía.
Sólo hasta la Y, te seguiré; después me desvío.
¿Y qué harás?
No sé.
El caserío es pequeño.
Si me animo y voy a buscarte, ¿te hallaré?
No creo.
Bueno. Chao y nada más.
Cuando me apetezca, iré a la habitación.
¡Allí nos vemos!
Magdalena: ¿Yo debo esperarte?
Si quieres.
Para efectos prácticos, recurrimos al pensar.
Bah, ya no atino ni a reflexionar ni a pensar.
Del Libro: En las cartas que leía la Bruja de
OMÍLCAR CRUZ RESTREPO
No hay comentarios:
Publicar un comentario