Tengo tres libros de poesía recién comprados,
del tejado en obras de la casa de al lado
caen piedras pequeñas, trozos de granito y polvo de ladrillo,
el viento mece los cimientos del cielo,
mancha la fotografía de una mujer que sonríe de espaldas a mí
que refleja en su cuello los gestos de gata de Laura Antonelli.
Desvisto los tres libros uno a uno antes de que queden cegados,
a impulsos los resquicios de los cascotes impulsados por el impulsivo eolo
recuerdan que es mejor leer y darle viento al viento.
Leo que lejos de mí decirles
yo también soy parte de Laura Antonelli.
Y soy los hijos de sus hijos
y los hijos del equilibrio del mundo.
La mirada inocente de Laura Antonelli
como una huida cinco segundos antes
de que se arruine el horizonte de rescoldos,
remansa los muros derruidos,
los alrededores de las orillas
que miraran a la cara de Laura Antonelli
gritando vida gritando vida.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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