Al fin del alba la casa resplandece.
Vista desde las tunas parece que vibrara
estremecida por la luz.
Antaño entornábamos los párpados
y los contornos se volvían precisos
(era una ilusión).
Pero ya no jugamos
e ignoramos dónde moran nuestros camaradas de entonces.
Los más pesimistas nombran el fondo del lago
en cuyas aguas corríamos regatas
(hop, hop, guiaba
a los remeros el timonel con su megáfono).
Hoy los postigos golpean en la casa vacía
como un mal remedo de la Minerva imprimiendo
participaciones de enlace y proclamas de huelga.
Aunque esto fue más tarde,
cuando alzamos la vista más allá de los cerros
donde habíamos enterrado nuestros tesoros de infancia.
Techos de tejas y muros encalados,
el pueblo permanece siempre bello,
mas en la casa nadie aguarda
para llamarnos descariñados por no haber escrito nunca.
Ahora, desde el sendero vemos el lago,
las tunas,
la casa por última vez.
Del libro Poemas de ausencia de JORGE BREGA -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti
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