En la ribera del río, entre chopos, álamos y sauces llorones, mientras un ruiseñor trinaba, el hombre daba rienda suelta a su pena. Ebrio de egocentrismo, creyó que el pájaro trataba de insuflarle ánimos con su canto alegre, y se avergonzó de su falta de coraje. Súbitamente, embargado por un sentimiento
desconocido en su persona, el hombre inspiró hondo y, tras arrojar al agua gran parte de su congoja en un espectacular resoplido, se alejó por el puente decidido a plantar cara a todos los problemas que le aguardaban en la otra orilla.
Nunca supo que el ruiseñor trinaba porque había encontrado su nido vacío.
Del libro El espectáculo más hermoso de
SALVADOR ROBLES MIRAS
Publicado en Los libros de las gaviotas
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