Se apodera de mí, me conmociona,
me absorbe, me controla, me atormenta;
pulpo de cien tentáculos que en lenta
conspiración me ciñe y aprisiona.
La pasión sólo siente, no razona;
fiera impulsiva, eternamente hambrienta,
ni oye, ni ve, ni piensa, y se reinventa
cada vez que el buen juicio la arrincona.
Por mujer, por idea, por objeto,
su destino es final, su único reto
no cuándo, sino cómo conseguirlo.
Tan fatal, y a la vez tan envidiable,
pues aún siendo el fracaso inevitable,
la lucha por llegar vale el sufrirlo.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -In memoriam-
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