Patio y enredadera,
Sonidos de gentes con ecos
Ausentes en la madera,
La pintura de la casa
Con musgo y llagas.
Solitarias puertas, el corredor
Con hojas podridas esperando.
Ni una huella del mes queda,
el calendario se ha inventado otro tiempo.
Los metales preocupados de tanto abandono,
las cortinas amarillas con raíces y silencio de líquenes.
Antes los pájaros cantaban
Y junio llegaba empapado
De aurora y porvenir.
Los niños jugaban y escondían pasados
En las raíces libres del tiempo.
La cena salía al patio sabrosa y tibia.
Hoy el agua de ayer está bebida
El pozo del recuerdo está seco.
El cielo de otoño se teje con palomas,
Las ansias se anudan a una viuda realidad.
Tiempo desabotonado donde
El miedo líquido calla tras su misterio.
La vida cansada que ya no sube
Por las escaleras del frente.
Todo ha pasado, lo habitado se volvió baldío.
El rostro con presencia dobló su marcha,
No somos los mismos.
Pero estamos de pie, esperando
La hora absorta de la partida.
¿Qué lucha es vivir profundo y olvidado?
Quizá ese es el castigo del olvido,
Estar desierto y estar vivo.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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