Los brazos del hombre de la isla
se reflejan en un río de luna
en el agua de vertiente y humo
El río ardiente amenaza a los ojos
que se mueren de distancia
y muchas veces
se lleva la ranchada
del otoño
todas las raíces
Un torrente de hojas golpea
y unos brazos se aferran a las ramas
para buscar la vida de los otros
Tierra islera
que renace con el sol
vuelve a perpetuar la sangre que hierve
y después que deja de filtrarse su luz
entre los sauces
se escucha un sonido solo
en el vientre de la noche
Es la voz del islero
que llama a la nutria
canoa que pasa
agua quieta de vino y silencio
mira el río y revive en su sangre
lucha en sus ojos
Por la orilla
anda un chico descalzo
y el río
sigue buscando en el fondo de los hombres
Gloria Oscares -Argentina-
Publicado en la revista Hoja de palabras
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Hace 16 horas
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