Sólo la luz mortecina de una linterna alumbra
corredores viejos, quebradizas escaleras y pasadizos secretos,
el viejo caserón infectado de rencores
dispersa locura en sus grietas.
Desesperada atmósfera
asfixia pulmones nuevos
y confunde, confunde...
La confianza depositada en cajones huecos
y la razón confinada al iris de mis pupilas ciegas.
Nada es lo que parece en este laberinto de dudas.
Ruth Ana López Calderón
jueves, 31 de octubre de 2013
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