Sufrir parece fácil. Ver la astilla de un remo
en el centro del pecho, clavada como en fango
cremoso de serrín arterial y lamento.
El dolor es sencillo, primaria de madera.
Tan difícil resulta cerrar venas abiertas
como indómitos ríos de hielo subcutáneo
que algunos se desangran, mientras otros eligen
cirugía de urgencia que se conoce inútil,
porque no se urbaniza el solar de una herida,
toda sutura estalla, se revientan los diques,
el delirio combate y queman las preguntas:
¿cómo fue este naufragio? ¿en qué mar navegaba?
¿por qué un remo está roto? ¿quién lo clavó en mi pecho?
Del libro Un cadáver lleno de mundo de
Isabel Pérez Montalbán
Publicado en Siete mujeres frente al mar
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