¿Qué esperamos cuando recibimos un sobre? Por regla general esperamos buenas noticias, las nuevas buenas de algún amigo, de un familiar, la respuesta de una editorial aceptando nuestro manuscrito etc.
Recuerdo al viejo Eladio, el anterior cartero con el que compartí durante algún tiempo libros y comentarios sobre éstos, llegando hasta la higuera bajo la que me suelo sentar porque desde allí veo el valle y al fondo el pueblo como una mancha blanca de cal con destellos azulados, sí, amigos, lo recuerdo y recuerdo los sobres que me traía y que albergaban bien la revista LetrasTRL, en papel cuando ésta se hacía en ese soporte, o bien la carta de una lejana amiga cómplice de letras en la facultad donde estudiamos, donde soñamos y donde luchamos por un mundo mejor, sí, qué buenos contenidos traían aquellos sobres, y los que sigo recibiendo y que ahora me trae un cartero más joven, y menos interesado por los libros, pero al que le dejé el otro día un libro para que se iniciase, y que espero lea.
Dejo los sobres porque en estos últimos días son como pájaros de mal agüero que no parecen presagiar nada bueno para este país al que vine buscando mis raíces, sí, dejo eso de los sobres para los mafiosos, para los delincuentes que andan tras ellos y por supuesto, tras su contenido, pero no se queden tan solo con el envoltorio, vayan más allá, busquen, busquen y encontrarán las auténticas razones que contienen esos malditos sobres.
Han llegado dos libros este mes de enero que ya nos dejó para entregarnos a este febrero que parece embeber los días; en ellos ando buscando el resultado tras las galeradas en las que sus autores se han dedicado a desvelar las bajas pasiones que mueven a sus protagonistas; uno es del ruso Nabokov y su título Risa en la oscuridad en el que narra el conflicto que sufre su protagonista, sacando a relucir un triángulo amoroso como lo hizo ya en su otra novela Rey, Dama, Valet, y que yo diría que es la misma historia porque también presenta un escenario donde la infidelidad es el caldo de cultivo del argumento, con la única diferencia de que en el primero que he citado el infiel es el marido, y en el segundo es la esposa, pero el escenario es el Berlín de la época que a Nabokov le tocó vivirlo por haberse tenido que
exiliar huyendo de su Rusia natal. Inteligentemente Vladimir lleva a cabo sus trucos de magia literaria, describiendo cómo un hombre, en Risa en la oscuridad, lo deja todo por una joven amante, y en Rey, Dama, Valet, es la mujer la que con su sentido de lo práctico consigue acostarse con el sobrino del marido, y no solo eso, sino que consigue que éste permita llevar al otro de vacaciones junto a ellos, así ella podrá seguir siendo infiel sin que el marido parezca percatarse de ello. Y Nabokov se ensaña con estos personajes para mostrarnos lo más descarnado de los mismos, la ruindad con la que son capaces de actuar algunos seres humanos para satisfacer sus deseos.
El otro libro es del francés Georges Simenon, y su título El caso Saint-Fiacre, presentes en él también la crueldad, la ruindad y el cinismo con el que son capaces de actuar los personajes para satisfacer sus deseos, una prosa de alta calidad que retrata el provincianismo francés y los prejuicios que mantienen a sus protagonistas atados a las convenciones sociales, teniendo un especial protagonismo el culto religioso.
Con ellos me siento bajo la higuera que este invierno como otros me muestra su esqueleto de blanquecinas ramas, y de vez en cuando miro hacia el valle y creo ver llegar a Eladio, que en su cartera me trae las nuevas buenas del mundo que hay más allá de esas montañas, pero la imagen se desvanece y vuelvo a la lectura, escuchando las noticias en la radio donde se desgañitan los contertulios debatiendo por un asunto de sobres que por desgracia pretenden hincar de rodillas al pueblo para esclavizarlo, para someterlo a los tiránicos deseos de los que los llenaron, los sobres, no solo con dinero negro, sino con propósitos totalmente deleznables.
Marcos Morneo
Publicado en la revista LetrasTRL 55
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