viernes, 17 de mayo de 2013

CONTRAVESTIDO


“Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia... »
Federico García Lorca

Desnuda,
porque yo te inventé pequeña
asistida por mis brazos, desnuda,
por mi pecho asediada entre tu paño blanco,
desnuda, arrebato de mis miradas:
tus pechos entre mi pijama azul,
desnuda.
Deshilando hilo a hilo
hasta beber tu piel.
Desnuda. Voy bajando tus últimas telas
bajo las caderas, desnuda,
de tan desnuda,
hurgo tus rincones suavísimos
entre las sábanas
de la cama volátil de mis sueños.
Desnuda, déjame zafarte las zapatillas
y besarte los pies hasta que rindan,
desnudos sus pesares.
Tu dorso que nace sobre la colcha
y hasta tu cabello ondulado,
frente al espejo, desnuda el pezón
que adivino con mi hambrienta oquedad de caminos.

Desnuda,
de tan desnuda;
saco tu blusa negra de tu pecho desnudo,
suelto el sostén que la noche colocó en su sitio.

Desnuda, de tan poseída
por mi sed de poeta embebido,
asilado en tu piel,
refugiado en tu baño
donde te asiste el agua,
sinuosa, cascada de la vida, desnuda,
donde bebo tus ríos,
entre tus piernas ya sumido.
Venzo a las cortinas, las colchas,
las blusas, los velos, terciopelos, las almohadas,
y mis propias corbatas, los abrigos,
venzo calcetines, pantaletas, camisones,
y jersey y algodones,
y más telas y telas
cuyos nombres inventan los roperos.
Desnuda.
Como sólo tú sabes cuánto te desnudo.
Como yo solo sé cómo me anudas,
desnudo en tu pura desnudez.

Amor nos hunde
unidos,
acaso inefables como estrellas voraces
que se tienen, uno al otro, desnudos
como dioses, átomos o ángeles.

Amor que nos deshunde.
Desnudos.

Del libro Contravestido y otras humedades de Ronald Bonilla -Costa Rica-


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