Embriagarse de aroma imaginando,
percibir la caricia del viento
en las cumbres de tu pecho
y, escuchar en su palpitar un te quiero.
Nada es como entonces, todo
pasa y todo llega, gana segundos
el reloj oxidado y viejo de arena
con el olvido y el llanto;
el orgullo y también la pena.
No quiero dejar de escribir
versos y poemas que salen del alma,
o dejar que la penumbra los encierre
en el espacio lleno de viejas rejas.
El poeta rocía con sílabas las penas,
componiendo odas que hablen
de naturaleza viva, del mar
y sus tormentas.
El poeta altera las ideas hasta
alcanzar el clímax y la imaginación
de quien las palabras proyecta…
Todo pasa y todo llega.
Juana Campos Cortés
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