domingo, 10 de septiembre de 2017
LA FIESTA
Tenía una bonita sonrisa. Cuando reía se le formaban dos hoyuelos en las mejillas. Por eso le gustaba contarle chistes. Riendo estaba irresistible, no había nadie más bella. Todo el que la miraba se enamoraba de ella. Fueron muchos los que le declararon su amor pero, hasta el momento, no había aceptado a nadie. Buscaba a una persona sensible que la valorara y la entendiera. Sus relaciones anteriores terminaron en fracasos. No los soportó más de tres meses. Por eso había decidido no precipitarse. Las oportunidades para elegir serían muchas. De momento se dedicaría en profundidad a su trabajo. Necesitaba estar ocupada y evitaría sonreír. No quería más enamorados ahora.
La empresa celebraba al final de año una fiesta de convivencia. Ésta se prolongaba hasta el amanecer. Había cena, barra libre, baile, desayuno. Ningún empleado faltaba. En los dos años anteriores se aburrió y se marchó tras la cena. Aquella noche iba dispuesta a llegar hasta el desayuno. Aunque, como otros años, no soportaría tantas horas de aburrimiento.
Se dio un baño de espuma. Se maquilló y buscó en su armario un vestido que resaltara todos sus encantos. Eligió un vestido azul con escote en uve, ajustado, por encima de la rodilla. Debajo solo un tanga negro. A pesar del frío no llevaría medias. Zapatos azules de tacón de aguja. Labios de un tono azulado. Un leve tono, también azulado, en los párpados y negro en las pestañas. Las uñas de las manos de un ligero azul mar. Cuando se miró al espejo se sintió satisfecha. Aquella noche todos la mirarían: las mujeres con envidia, los hombres con deseo. Sería la atracción de la fiesta. Remató su vestimenta con un abrigo de pieles.
Llamó un taxi a las diez menos cuarto. Llegaría a la fiesta unos minutos después de las diez.
Dejó el abrigo en el guardarropa e hizo su entrada en el salón. Todas las miradas la siguieron. Saludó a todos con su bella sonrisa. Muchos ojos se detuvieron en su escote y en sus muslos deseando tocarlos. Durante los aperitivos bebió, comió y charló con muchos compañeros. En la cena la colocaron en la mesa cuatro junto con dos matrimonios y un chico al que apenas conocía. Hablaron de cosas intrascendentes. El chico participó poco en la conversación. Estaba ausente. Apenas dijo algún que otro monosílabo. Solo comía y bebía. No se sentía a gusto y apenas la miró. Algo le preocupaba. Según recordó era uno de los ingenieros con más futuro. Solo llevaba dos años en la empresa pero algunos de sus diseños habían generado grandes beneficios. De su vida personal nada se sabía. Terminado el postre empezó la música y la barra libre. Se vio asediada. Bailó toda la noche y bebió mucho. Hubo un momento que se sintió tan mareada que tuvo que sentarse. Todo le daba vueltas. Se sintió tocateada e incluso alguien la besó. Había perdido el control. Estaba borracha, muy borracha.
Muy entrada la tarde despertó en su cama totalmente desnuda y con un fuerte dolor de cabeza. Su ropa estaba esparcida por el suelo. ¿Cómo llegó? ¿Quién la trajo? ¿Quién la desnudó? ¿Pasó algo? No recordaba nada. Todo a su alrededor olía a alcohol y chocolate. En la sábana una mancha roja.
JOSÉ LUIS RUBIO
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