Parece que cuando se ama
demasiado
los huesos sufren más que el corazón,
por eso
la osteoporosis
no es una enfermedad
de la vejez
sino la última rosa deshojada
en el camino de la incertidumbre.
Rodrigo Pesántez Rodas -Ecuador-
Publicado en la revista Oriflama 29
No hay comentarios:
Publicar un comentario