jueves, 25 de febrero de 2016

QUISIERA SER LIBRE PARA...


-Decirle al mundo que a veces no quiero saber lo que cuentan. Que no me interesa lo que van diciendo. Prefiero estar sola mirando hacia adentro.

_Ponerme vestidos de gasa y salir corriendo bailando en el viento, así como bailan mis dulces secretos y amargos momentos.

_Enredar los dedos sobre mis cabellos y formar con ellos una trenza enorme, sentirla en la espalda como un escarmiento y salir airosa en suave galope que me lleve lejos.

_Cantar ese tema melodioso y tierno que no sé cantarlo pues mi voz no alcanza, pero mi alma tiembla de sólo nombrarlo sintiéndolo adentro besando mis fibras y mis sentimientos.

_Llegar a su casa para rescatarlo de esas manos suaves que no son las mías. Salir escapando llevándolo a cuestas hasta aquel refugio que formó mis ansias y llenan mis días.

_Sacarme caretas que pesan y duelen, y salir al aire a cara lavada con la risa tímida, el rubor intacto, la mirada alegre y las manos llenas de tibios placeres.

_Decir las cosas que no son dichas por temores vagos y falsos tabúes que llenan la vida de sueños quebrados por silencios mustios y ojos anegados.

_Tirar por los aires los malos recuerdos, junto a injusticias, sabores amargos, lesiones del alma, caminos inciertos y placeres muertos.

_Mirar a los vientos y envidiar sus rutas, querer atraparlos y ser el cometa que va de paseo colgado de sueños y bellos deseos.

En definitiva, quisiera ser libre para volar rauda, aspirar el aire, respirar el cielo, saborear las nubes, beber de las lluvias, jugar con la nieve, bailar con el viento, abrazar al sol y volver al alba para pura y casta empezar de nuevo en esta enorme ruta, que se llama vida… y hay que caminarla.

Marta Díaz Petenatti
Publicado en la revista Arena y cal 196

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