He abierto mi pecho negro
al prendimiento
de dos lazadas blancas
portando bastones de dura madera
pero sin razones
apenas un puñado de mordidas de pan ácimo
y sus bocas gritan agujas de límpida lluvia.
No he ido al colegio hoy
ha diluviado
eran rosas blancas, cual sus rostros
pétalos de dulzor amargo
pero sin escrúpulos
o quizás ni siquiera detuvieron su fuerza
y pergeñaron la más cruenta redada bajo los plásticos.
Aún olía a melocotón maduro
ha sido un escarmiento
con sabor
a oro rojo, a verdes cadencias de riquezas efímeras
venían en coches radiantes, inmensos
diez veces más altos que su pobre estulticia
pero las aguas me purifican.
Beberé de la lluvia
porque de ella nada temo, irriga a todos
mas que nieguen ese don
o este otro, esa bagatela de palabra perdida entre un mar grisáceo
no, no oigo las negaciones
creo, vivo y subo
cada vez que veo tu sonrisa nacer, renacer bajo ese crisol.
Ladino es el tiempo, múltiple el color de sus franjas
y noria impertérrita las gotas que siembran el mundo
aunque no llegue a satisfacer a todos en igual medida
sí dejarán la melodía bajo el latón de cinc que nos cobija…
Santiago Pablo Romero -Trigueros-
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