El día muere allí,
atrás de las montañas donde se oculta el resplandor,
a veces cae al mar.
Oh la noche cuajada en sombras, ¿arderá otra vez el sol?
Nada es lo que parece y la bailarina ha de danzar,
sobre vidrios y fuego en las manos, dejando sin habla
al que dicta cátedra.
En absoluta cortesía se abre paso el silencio, como si echara
mantos de indulgencia al público, AMY WINEHOUSE, desde
otra dimensión pero contenta, porque llevó la sonrisa
de niña inocente, las peñas largas, que al bajar los párpados,
se le advierte un delicioso estremecimiento.
Su voz, a veces lenta, de Mujer inteligente, dijo a un público:
Os embrujo. ¿No tenéis miedo, cierto? ¡Gran poder en la Mujer!
¿Qué público se resiste al encanto? Aunque al final
a todos advertía su mensaje: --No-no-no-no—quizá porque sólo
quiso sus Blues, a la par de Alejandra Pizarnik, sólo amó los Blues.
Del libro TROCITOS DE ELLA EN MÍ de
OMÍLCAR CRUZ RESTREPO -Colombia-
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