Salima no puede:
ver el cielo azul bajo su burka,
sentir en su rostro
la brisa fresca de la mañana,
sumergir en el mar
su cuerpo desnudo.
Desde pequeña:
la han educado para otros,
la han criado para otros;
para otros su vientre ha sido preparado.
Debe ser:
dulce,
hermosa,
comprensiva,
acogedora.
Su destino es:
parir,
callar,
obedecer.
Pero ella sabe que hay:
otro mundo,
otra verdad,
otra vida,
más allá de ese burka que la cubre.
Del poemario HIJAS DE EVA de
MARÍA PAZ CERREJÓN LÓPEZ -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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