Yo era un gigante de pelo duro
mis manos eran fango.
Llegaba a los bares y
parapetado entre escalones
tropezaba mi mirada
con la mirada de la botella.
Y de botella en botella
daba vueltas
formando nubes
con el vapor de la culpa.
Era un gigante que arrasaba
con mi propio dolor
un gigante puente
un gigante espada
un gigante fin del mundo
un gigante de pies de barro
y cerebro de mosquito.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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