La luna se arqueaba
cuando le tocábamos la punta.
Su movimiento
era éxtasis, locura.
Pero un día
no dejó que la volviéramos a tocar.
Ahora la luna,
estrellas
son simples elementos decorativos.
Del libro “Leña del árbol erguido” de
Lisandro González -Argentina-
Seleccionado por Rolando Revagliatti
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