Nadie escapa a su sombra
hasta el punto
en que la sombra le convierte
en su propio perfil embalsamado
nadie puede escapar
a su porción de llanto
sin antes apoyar su sueño
en la almohada piadosa del olvido
nadie escapa a la cuota ominosa
de su nada
sin antes amasar un polvo
en suspensión de estrellas
resignadas
nadie puede escapar del
propio canto
hasta el espacio
en que la música toda se reabsorbe
en el clamor de un solo
ensimismado
nadie puede escapar del propio
ángel
hasta el día
en que sucumbe solo
tras el roce instantáneo
de sus alas
Del libro "La construcción del vuelo", inédito de
JUAN FRANCISCO COSTA
Seleccionado por Juan de Marsillo
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