miércoles, 9 de abril de 2014
MIRAGE
Ella entró en la sala
y todo se volvió azul.
Un viento de tumba o espinas
le doblaba las espaldas.
Sus manos
llenas de horas
pero no de tiempo
parecían cortar la luz
que degollaba nuestros sueños.
Su cuerpo era
relámpago vertical,
sofocante raíz de huesos descubiertos.
Vimos sus labios creadores de lluvia
los grandes ojos marrones
instigadores del Pecado.
En sus muslos, dedos,
almibaradas garras
que desnacían nuestro Ser.
Un yatagán joven esbelto
atravesó su garganta inmortal:
Surgió un grito de silencio.
En un rictus
el aire se solidificó
y donde Ella estuvo
quedó una herida transparente
llena de su perfume.
Al desvanecerse,
el suelo eruptó sus huellas
mil implosiones desgarraron la noche:
un humo cárdeno y estridente quedó
como desconcertante testimonio
de una mágica metamorfosis
¿de amor?
en medio de un arquetipo
del Inconsciente Colectivo.
Todos la vimos.
Ella se llevó nuestros huesos
sin quitarnos la piel
y nos envolvió agorera
en las delicias de Su Enigma.
VÍCTOR DÍAZ GORIS -República Dominicana-
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