Contempló el sol de frente. Lo vio hundirse en la franja azul, como una enorme custodia. Pasaron las horas y el mar se hizo calmo y sus aguas oscuras. Se tumbó en la arena y miró al cielo donde una falsa estrella, piloto de avión, le guiñaba un ojo. “No estará, lo sabes”, le dijo su madre con un temblor de llanto en la voz. Pero ella estaba segura de que uno de aquellos atardeceres, el viento que lo empujó desde el acantilado, arrastrándolo mar adentro, se lo devolvería.
Del libro Cuentos iberoamericanos de
LOLA SANABRIA (España, Córdoba / Madrid)
Publicado en Los Cuadernos de las Gaviotas
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