Siento que el hambre acaricia el interior
de mi vientre como un largo sollozo
de un hambre insaciable, molesto y quejoso.
Lamento no poder darte comida.
Tengo mi casa vacía de alimentos y frutos.
Siento mi saliva congelada,
mis labios resecos como tierras calcinadas
por un volcán que dejó de escupir su rabia
No puedo darte nada, tengo mi casa vacía
¡Hace tanto tiempo que la tengo así!
Tengo un largo camino a recorrer,
el hambre me acuchilla, vomito sin querer
y mi cuerpo se dobla como un polichinela
sin hilo.
Tengo casa para ti, fuego en mi chimenea
y aunque vacía está mi alacena,
mañana, mañana será otro día.
¡Ven conmigo!
Aunque no tenga fuerza para vivir.
Rosa Ordóñez -Estepona-
Velarde y el pregón de la feria de 1976
Hace 22 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario