Soy solo la madre...
y estoy deshecha...
Soy la que lo cobijó
en sus entrañas,
y que ahora siente
sus manos yertas...
Soy la madre...
no, la divinidad.
Soy la que sintió
el dolor del parto...
Fui la alegría
de poderlo engendrar...
y la que lo llora
y que extraña su abrazo...
Soy el consuelo
que ÉL necesita
y que no tiene
en la cruz de su ocaso...
Soy su madre...
¡Y no existe más amor
que el que le di,
recostado en mi regazo...!
Soy ésa,
que todos veneran...
Soy la blanca doncella
sin mancha...
Soy la que llora
sin piedad,
y la que lo abrigará
por última vez...
cuando descanse su alma
entre mis brazos,
sosteniéndolo con su manta...
DIOSMA PATRICIA DAVIS -Argentina-
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