Con las hojas muertas en una tarde gris de otoño.
Y tal vez mis pasos formen la hojarasca
que se posa en los añejos caminos,
hasta que el viento peregrino
me lleve hacia otros destinos.
Volveré con las horas mudas de silencio mutuo.
Con el tiempo que observa a mis veredas
que se vuelven cadencia prolongada,
o el vaivén del coloquio de las aves
que retornan al refugio de sus nidos.
Volveré con el río cristalino
que coqueto saluda a la cálida mañana.
Y se ondea entre verdes pastizales
aspirando el perfume de las flores
que saludan al correr de su destino.
He de volver cuando esté la primavera
en todo su apogeo ante el mundo.
Cuando el fauno venturoso se recrea
entre el prado y los amores que florecen,
cuando el amor tañe en sus campanas.
Volveré con el cálido verano,
cuando el rubor sea visible en mis mejillas.
Con el gris saludo de la tarde.
En el ocaso colorido del sol.
Cuando en las horas blancas de la noche,
la luna suspire en soledad.
En el gélido invierno frente al mar.
Con la lluvia que llora al ventanal.
Con el frío calándome los huesos.
Con mi alma tiritando al regresar.
Y... ¿qué tal si regreso en vendaval?
Raquel Alejo -PERÚ-
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