Dentro del manantial de los encantos
bebí de las dulzuras de tus besos
y del roce insaciable de tus manos
recibí los amores más intensos.
Cuando sentí la fiebre de tus labios
moviste lo recóndito y secreto,
me mostraste que vivo, siento y amo
estremeciendo el pozo en mis adentros.
Tú eres la mujer con que he soñado,
la estrella amartelada en que me pierdo,
y el infierno febril por donde ando
el ángel endiablado de mi cuento.
Eres el pensamiento involuntario;
cuando en la hora aciaga no te tengo,
soy suspiro de amor que va flotando
matizando tus pasos con el viento.
¡Ay, ay! Amor, es que te quiero tanto,
tú mi guitarra, yo tu guitarrero,
ambos nacimos para estar atados
tu corazón palpita entre mi pecho.
Patricio Gonzaga
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