SOLO DE DOMINGO
Y llega a la ventana con silencios de atril, breve, puntual.
Silba muy lejos, silba
arrastrando las hojas con su viento amarillo que nunca se despide
y no deja a las voces que una mano, ninguna
pueble tanto no estar.
DE LOS PEDIDOS
Decía (me decía), hubieras pedido,
te hubiera dado.
¿Entonces había que pedir (te)?
Elena Garritani -Argentina-
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