lunes, 3 de junio de 2019
MUÑECA DE TRAPO
No hay puertas abiertas,
ni tampoco ventanas, ni balcones.
Todo está totalmente cerrado,
sumido en una oscuridad profunda.
No sé si dar media vuelta
o golpear con mis nudillos
la despintada puerta de madera.
No sé si avanzar o retroceder.
El silencio me sobrecoge
sin llegar a asustarme.
No se oye ni el canto de los pájaros
ni el cri cri de los grillos.
No sé qué hacer. Sigo dudando.
Si en la casa hay alguien
mi presencia turbaría
su silencioso descanso.
Retrocedo y entonces veo
un enorme gato negro
que lleva en su boca
una muñeca de trapo.
Tras de él corre un perro pequeño
de pelo completamente blanco
que también quiere jugar
con la muñeca de trapo.
Sigo al perro y al gato
y junto a un árbol
veo una niña que en sus brazos
mece a la vieja muñeca de trapo.
A sus pies el perro y el gato
la miran esperando una caricia
que la niña, atenta solo a su muñeca,
no les dará esta tarde.
JOSÉ LUIS RUBIO
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