Cuando el paso de los años embriaga los sentidos,
y la soledad del mundo parece que nos habla
con un lenguaje insólito.
Cuando las horas giran arriba de los tiempos,
y el sol viene a posarse en la paz de los estanques,
traslúcida presencia te veo en mis delirios.
Un rayo te traspasa, cual seda inmaculada
del amplio cortinaje de la ventana aquella,
que un día zurciste al pairo.
Y hoy, sentada sobre el agua,
con levedad de bruma, me miras, te sonríes
y luego sobrevuelas mi llanto inconsolable.
Si vives en mi piel, criatura de lo oculto,
¿por qué te vas y vuelves, si sabes que te extraño?
Un día la parca aciaga visitará mi lecho,
y en un vuelo ascendente me elevaré a las auras
con un ramo de flores. Te pediré alianza, y el sí
que profiramos será infinito éxtasis.
Espérame con velo, marino, si es posible,
que capitán de barco subrayaré tu rumbo
en mapas de una estrella, y en nuevo maridaje
cogidos de la mano, unidos planearemos.
No rindas los anhelos que entonces me juraste.
José María García Plata -España-
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