Lo amaba tanto que dejó de ser Sirena para convertirse en una princesa de un castillo de arena.
Dejó el mar con su luna y sus estrellas,
buscaba campos de sueños de amapolas.
Lo amaba tanto que dejó de ser quien es, tan solo por un sueño,
por un sueño que tuvo mientras peinaba su larga melena.
La bella sirena,
dejó el mar
por la tierra.
Tan sólo porque amaba
al príncipe que soñaba.
El mar está triste
ya no está la sirena,
la alegría de las aguas.
¿Dónde estás?
Pregunta la tortuga,
el delfín y la ballena.
¿Dónde estás sirena?
Todos preguntan por ella,
se fue un día mientras soñaba.
Ahora es la princesa de los campos de amapolas con sus pensamientos y sus rosas.
Lo amaba tanto que cambió su cola por unas botas.
Sus escamas por un traje de lentejuelas.
Los corales lo cambió por una corona.
Sus ojos brillan de alegría
ella es feliz en su nueva vida.
Un día se fue...
Para escribir este cuento
que hoy termina.
Manuel Franco García
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