Cuando atisbo una casona, una estancia en mi pueblo, una casa vieja, de altos aleros y grandes ventanas con telarañas en los rincones, mis sentidos se disponen a percibir más allá de lo que podrían ver y oír... oiría y vería el otrora canto y los osados trovadores a la vera de estas ventanas, visitantes atraídos por las más hermosas residentes, que sentadas en los poyos, detrás de los barrotes, disimulan la espera... adornan con obscuras noches sus cabellos y cintillos de terciopelo, con luceros centelleantes en sus ojos y sus labios carmines como jugosos frutos maduros, untados de cálidos veranos o de encendidas y coloridas flores de primaveras... entonces dejo que la brisa, céfiros de mis amadas montañas jueguen con mis canas y acaricien mis mejillas, mientras afloran más recuerdos y más radiantes brillan el arco iris y todas las estrellas...
Angel Ignacio Chacón Aquino
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