sábado, 4 de mayo de 2019
CONVERSACIONES CONMIGO MISMO.
Discurre mi existencia entre recuerdos escondidos
en las cavernas grises y neblinosas de mi memoria
allí mi alma se pierde en las guaridas de la historia
y de mi vida, en instantes y momentos ya perdidos.
¿Dónde te perdiste vida? mi tiempo en la vida se acelera
el destino cruel se olvida de advertirme lo que me queda
yo sigo en el esfuerzo cotidiano, aunque mi vida se lleva
ignorando todas las señales, que percibo en mi memoria.
Y pensar y darnos cuenta de ¡tantas primaveras perdidas!
añorando en la vida aquellas quimeras, ¡tanto buscadas!
en el esfuerzo cotidiano que se te lleva de a poco la vida
en los ensueños de tus amores, y las dichas tan sentidas.
Ya intuyo que en mis largos caminos y sendas transitadas
que todos mis tiempos de la vida, obcecados, se aceleran
y muy cruel, se olvida darme señales de lo que me queda
dudas de rojo fuego siembra, y se aposenta en mi morada.
Siento entre mi tristeza que mi alma se escapa a los cielos
y se lleva con ella todas las miradas de los tiempos viejos
cuando abandone mi morada, y sin distancias en su vuelo
vida y aliento abatido, perdido entre mis grises recuerdos.
Estoy tranquilo, nada temo, alma y conciencia en armonía
noches de insomnio y recuerdos pensando en los pequeños
que ya no los veré en sus vuelos, seres libres, primigenios
y extrañaré entristecido, en el silencio de mis últimos días.
El amor de los que me aman y los momentos más queridos
sostienen momentos de dudas dulces y amargos, evocando
cruel espera que divaga en la fe y esperanza, perseverando
en la búsqueda de la vida, un bien tan preciado y requerido.
Sigo andando en mis senderos, como si nada esté pasando.
A veces mi cuerpo se resiste, pero la vida está en la inercia
y del movimiento cotidiano, en nuevas y sentidas vivencias
y seguir adelante, y que el fuego no se apague, alentándolo.
La vida es eso, el devenir de alegrías y tristezas en el camino
inesperadas algunas por los momentos crueles, no esperados.
Pero hay que seguir, resistiendo entre la lucha, concentrados
la esperanza late siempre en las huellas de la vida y el destino.
Nada temo, nada debo, alma y conciencia, están tranquilas
ahora como nunca, escucho en la soledad de mi penumbra
el ruego cristalino, soportando todo dolor que ya te anuncia
que tu tiempo se detuvo, en el recodo de la quimera de la vida.
La vida en su tiempo, parece estar llena de infinitos absurdos.
Y que cuando los vives, te desconciertan.
Pero con total descaro se encarga de hacerte saber con la rigurosa
verdad, que no tiene ninguna necesidad de hacerte creer otra cosa.
Porqué en ella, los absurdos son absolutamente verdaderos.
Manuel F. Romero Mazziotti -Argentina-
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