Conozco una mujer usuaria permanente de la risa.
Una mujer con alma de fuego y locura, donde acostumbra dorar sus sueños y quemar su llanto.
Una mujer desdoblada en ángel y demonio
de instinto voluntariamente humano;
capaz de reír o llorar si mira una estrella solitaria o una flor nacer;
persignarse ante el altar de la sonrisa o el sueño de un bebé.
Esa mujer mitad celeste, enteramente humana,
gusta pintar sus anhelos del color de una mirada interrogativa, con sonrisa empañada.
Si no la conociera, juraría que es bipolar.
Su corazón es un cóctel de suavidad granítica y dulzura mohína, de palabras sabias
y contrastantes.
Viste de mármol su piel y rojo fresa sus labios.
¡Mujer, así te construiste!
Elí O. Carranza Ch. -Costa Rica-
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