martes, 2 de abril de 2019

LOS VIEJOS HUERTOS / LEGAJOS DE VIDA / GAMBUSINOS


Los viejos huertos

Te negaste a labrar los viejos huertos
cuando abril inundaba con su lluvia:
las semillas batallas de Virgilio,
los barbechos océanos de Homero…

Aquel festín de frescura — veleta
edad imberbe— te privó de reglas
y apenas muestra código la arcilla
que revuelve insegura tu mirada.

Ya de regreso, cercano diciembre,
su cúspide nevada por los años,
requieres para tu sediento huerto
sin lluvia y cuarteado,
los pasos que negaste:
la herramienta
que ofrezca tu simiente
a esta gleba apacible, tan fértil en tus manos.

Legajos de vida

¿Qué somos sino legajos de vida?
Un pilar de recuerdos nos resiste
como hondas huellas en la arcilla
renuentes a la amnesia de la lluvia,
una parva de hojarasca en el otoño
a la espera del viento que la esparza.

El ayer germina a nuestro paso
y nos van construyendo sus fragmentos,
y su voz, como un agnado vapor,
de la memoria fluye en silencio.

Gambusinos

Por la vereda vais
cada mañana acompañando heladas
praderas o ciudades,
para cribar —ambiciosas miradas—
el cauce vacío del silencio.

Como gambusinos
en el horizonte abundado introducís
la pala oxidada y del rico torrente
catáis la gravera de palabras.

Sabéis que nunca hallasteis filón
en vuestro territorio
y que el cansancio os agarrota
remisos ya los nudillos.

Agua y barro escribís insistentes,
febriles las bateas al uso blancas,
y agitáis, y giráis la escoria
en vuestros módicos cedazos.

Pero el poema, como el oro,
aún se os resiste. Aún,
ocultos en vano lodazal de atriles,
esquiváis ese rayo
que ha de extraer su brillo.

LEOPOLDO ESPÍNOLA -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural

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