Silla en lágrimas,
libros desangrados desde ayer
y periódicos a la espera de la eternidad.
Balance:
Puntos suspensivos
húmedos por la pena que viene del cielo,
se tumban en la habitación.
Nadie sabe el color de las emociones
devoradas por las ventanas
que llevan el vacío.
Y como sucede en las epopeyas de la mañana,
el narrador pierde la memoria
antes del atardecer
y alguien va a nacer entre las líneas
para domar la silla inquieta.
Cadáveres, caballos, ideas que no circulan
y experiencias que llevaban los muertos
cuando se infiltraron sin imaginación…
Todo esto lo dejo a un lado
y rechazo el último
que se mantiene en escena.
MOHAMED AHMED BENNIS -Marruecos-
Publicado en Luz Cultural
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